Soledad

Quien diría que me enamoraría de ella, pero bueno estaba predestinado con ella, si solo con ella, mi querida y siempre mal interpretada Soledad. Es que tantas veces me ha acompañado, ha secado mis lágrimas y sin importar con que chica la traicione ella cuando la dama se marche de mi vida me está esperando, sola, un poco triste pero siempre para mí. A veces me siento un poco mal por ella cuando algunos psicólogos la tratan como si fuera la causante de enfermedades mentales y otras calumnias que quien sabe quién las inventó. Algunas personas pueden pensar que estoy loco, pero con ella he llorado los mejores amores de mi vida, he pensado en traiciones y en como traicionar y ella me da siempre las mejores ideas. No me quedaría sorprendido si algún día me dice que se siente sola, ella si debe sentirse sola creo, aunque nunca me lo dice, sus manos siempre me levantan, me limpian el polvo cuando caigo y me animan a volverme a levantar cada día para una batalla más.

Soledad algunas veces me salta encima y sin que nadie la vea o pueda darse cuenta me llena justo cuando algunos de mis amigos me rodean y sabiendo que estoy rodeado de personas me siento solo, vació. Antes esto me frustraba muchísimo, ya no ahora me siento feliz, ella está conmigo, pienso, y me dejo llenar de su silencio y de su oscuridad. Quisiera que algún día pudiéramos estar juntos para siempre como esos amantes que dejan con su nombre en un candado en el puente del amor en París, pero ella me recuerda que no solo me sirve de consejera a mí, sino que a todos alguna vez tiene que visitar y abrirle los ojos de alguna manera, pero que no me preocupe que es a mí a quien ama sin importar que la traicione o que debata con ella mis problemas amorosos con otra mujer. Hay querida soledad ese amor que mata, pero resucita es lo que me gusta de ti, esa amable punción que me das cada vez que estas a mi lado, esa absurda complicidad es lo que me enamora cada día más y sin importar que me vaya por cien años voy a volver a ti y voy a pasar todos los días que están por venir, para siempre como aquel candado imaginario que colocamos aquel viernes de lluvia desde mi casa en el puente del amor, en nuestro viaje a París.

AnonimusJ

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